El Niño se fortalece: ¿cómo podría cambiar el clima de México en 2027?

El calentamiento del océano Pacífico podría alcanzar niveles históricos y alterar las lluvias, las temperaturas y la actividad de los huracanes. ¿Qué debemos esperar en México?

Un cambio en la temperatura del océano Pacífico está poniendo en alerta a especialistas de todo el mundo. Se trata del fenómeno de El Niño, un proceso natural capaz de modificar las lluvias, las temperaturas y la formación de huracanes a miles de kilómetros del lugar donde se origina.

Durante 2026, este fenómeno ha comenzado a intensificarse de manera extraordinaria. De acuerdo con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), existe una probabilidad superior al 83% de que se mantenga en una categoría fuerte o muy fuerte durante el periodo de enero a marzo de 2027.

Aunque todavía no es posible conocer con exactitud sus consecuencias, los pronósticos indican que podría convertirse en uno de los episodios más intensos desde que existen registros modernos.

Pero ¿qué es realmente El Niño, por qué puede modificar el clima de tantos países y cómo podría afectar a México?

¿Qué es el fenómeno de El Niño y cómo se origina?

En condiciones normales, los vientos alisios soplan de este a oeste sobre el océano Pacífico ecuatorial, empujando las aguas superficiales cálidas hacia Indonesia y Australia.

Este movimiento permite que aguas más frías asciendan desde las profundidades frente a las costas de Sudamérica, ayudando a mantener un equilibrio en la temperatura del océano y en la circulación atmosférica.

Sin embargo, aproximadamente cada dos a siete años, esos vientos se debilitan o incluso cambian temporalmente de dirección.

Cuando esto sucede, disminuye el transporte de agua cálida hacia el oeste y se reduce el ascenso de aguas frías en el Pacífico oriental. Como resultado, grandes extensiones del océano comienzan a calentarse por encima de sus valores habituales.

Este cambio altera la distribución de humedad, la formación de nubes y los patrones de lluvia en distintas regiones del planeta.

El fenómeno forma parte de un sistema climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), que también incluye una fase fría denominada La Niña.

Su nombre tiene un origen histórico: pescadores de Perú identificaban el calentamiento de las aguas cercanas a sus costas alrededor de Navidad, por lo que comenzaron a relacionarlo con el Niño Jesús.

¿Por qué preocupa tanto El Niño de 2026?

El calentamiento registrado durante los últimos meses ha superado los niveles habituales de un episodio moderado.

En su actualización del 8 de octubre de 2026, NOAA informó que la temperatura superficial del mar presentaba anomalías superiores a 4 grados Celsius en algunas zonas del Pacífico ecuatorial oriental.

En la región conocida como Niño 3.4, uno de los principales indicadores utilizados por los meteorólogos, la temperatura se encontraba aproximadamente 2.1 grados por encima de su referencia habitual.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) también advirtió que el episodio podría alcanzar su máxima intensidad hacia diciembre de 2026, con efectos que se prolongarían durante los primeros meses de 2027.

Aunque existen posibilidades de que alcance valores históricos, los científicos aclaran que la intensidad del fenómeno no permite anticipar automáticamente la gravedad de sus consecuencias en cada país.

Un El Niño muy fuerte puede modificar las probabilidades de ciertos eventos extremos, pero no significa que todas las regiones del planeta experimentarán desastres naturales.

¿Cómo podría afectar a México?

México es particularmente sensible a los cambios en la circulación atmosférica del Pacífico por su ubicación geográfica y la diversidad de sus condiciones climáticas.

En términos generales, El Niño puede modificar la distribución de las lluvias durante el verano y favorecer condiciones más húmedas en determinadas regiones durante el invierno.

Esto significa que algunos estados podrían experimentar temporadas de sequía, mientras otros registrarían precipitaciones superiores a las habituales.

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) pronosticó para la temporada 2026-2027 el ingreso de 56 frentes fríos al país, frente a un promedio climatológico de 50.

De acuerdo con Conagua, para diciembre se prevén lluvias superiores al promedio en el noroeste de México, mientras que otras regiones del occidente y sur podrían presentar condiciones más secas.

La interacción entre frentes fríos y humedad atmosférica también puede favorecer tormentas invernales en determinadas zonas del norte del país.

Sin embargo, estos pronósticos son estacionales: describen probabilidades generales y no permiten determinar desde ahora qué ciudades tendrán inundaciones o qué días se presentarán tormentas.

Baja California: ¿debemos esperar un invierno más lluvioso?

Para estados como Baja California, el fortalecimiento de El Niño adquiere especial relevancia conforme se aproxima la temporada invernal.

Históricamente, algunos episodios intensos han favorecido el desplazamiento de sistemas de tormenta hacia el sur de Estados Unidos y el noroeste de México.

Esto puede aumentar las posibilidades de lluvias invernales en ciudades como Tijuana, Rosarito y Ensenada, así como en distintas zonas de la península.

Las precipitaciones pueden representar un beneficio para la disponibilidad de agua, pero también generar riesgos cuando se concentran en periodos cortos.

En zonas urbanas con pendientes, arroyos y problemas de drenaje, las lluvias intensas pueden provocar encharcamientos, deslaves y afectaciones a la movilidad.

Por ello, un invierno potencialmente más húmedo no debe interpretarse necesariamente como una temporada de lluvias extremas. Será indispensable seguir los pronósticos actualizados del SMN y las recomendaciones de Protección Civil.

El Niño también influye en los huracanes

Uno de los efectos más conocidos de El Niño está relacionado con la actividad de los ciclones tropicales.

Durante estos episodios, los cambios en la circulación atmosférica suelen favorecer condiciones para una mayor actividad ciclónica en el Pacífico central y oriental.

En contraste, en el océano Atlántico tienden a incrementarse los cambios de velocidad y dirección del viento con la altura, un factor que puede dificultar la organización de algunos huracanes.

Esto no significa que el Atlántico quede libre de ciclones ni que todos los huracanes del Pacífico vayan a alcanzar gran intensidad.

La temperatura del mar, la humedad y otros sistemas atmosféricos también influyen en su formación y trayectoria.

Para México, que tiene costas en ambos océanos, la vigilancia de estos cambios resulta especialmente importante.

Un fenómeno relacionado con algunas de las grandes crisis de la historia

El Niño no es un descubrimiento reciente. Sus consecuencias han sido estudiadas a través de registros históricos, observaciones oceánicas y reconstrucciones climáticas.

Uno de los episodios más significativos ocurrió entre 1876 y 1878, cuando extensas sequías afectaron distintas regiones del planeta, particularmente India, China y partes de Brasil.

Aquellas condiciones contribuyeron a graves pérdidas agrícolas, escasez de alimentos y crisis humanitarias.

Investigaciones publicadas en la revista científica Journal of Climate han identificado una relación entre las alteraciones climáticas de ese periodo y un intenso episodio de El Niño desarrollado en 1877.

No obstante, las sequías comenzaron en algunas regiones antes del establecimiento del fenómeno, y las consecuencias humanas también estuvieron determinadas por factores económicos, sociales y políticos.

Por esta razón, no sería correcto atribuir todas las muertes y hambrunas de aquellos años exclusivamente a El Niño.

El antecedente demuestra cómo los cambios en el clima pueden agravar problemas existentes, especialmente en comunidades vulnerables.

¿Podría 2027 convertirse en uno de los años más calurosos?

Otra preocupación relacionada con el fortalecimiento de El Niño es su influencia sobre la temperatura promedio del planeta.

Durante estos episodios, el océano puede liberar una mayor cantidad de calor hacia la atmósfera, contribuyendo temporalmente al aumento de la temperatura global.

Además, este proceso ocurre actualmente sobre una tendencia de calentamiento provocada principalmente por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero.

Por ello, existe la posibilidad de que 2027 registre temperaturas globales excepcionalmente altas.

Sin embargo, todavía es prematuro afirmar que será el año más caluroso de la historia. El resultado dependerá de la evolución del fenómeno y de otros factores climáticos.

También es importante aclarar que El Niño es un proceso natural: el cambio climático no es su causa, aunque ambos pueden interactuar y aumentar determinados riesgos.

¿Qué podemos esperar durante los próximos meses?

Las actualizaciones científicas indican que El Niño continuará siendo uno de los factores más importantes para comprender el comportamiento climático durante el cierre de 2026 y el inicio de 2027.

En México, sus posibles efectos deberán observarse especialmente en las lluvias invernales, la llegada de frentes fríos, las temperaturas y la evolución de los sistemas de tormenta.

El verdadero desafío no está solamente en conocer la intensidad que alcanzará, sino en utilizar los pronósticos para anticipar riesgos y fortalecer las medidas de prevención.

Un fenómeno que comienza con cambios en los vientos y la temperatura del océano puede terminar influyendo en las condiciones climáticas de países enteros.

Y aunque no podemos controlar El Niño, sí podemos prepararnos mejor para sus posibles consecuencias.

¿Crees que las ciudades mexicanas están preparadas para enfrentar temporadas de lluvias y temperaturas cada vez más extremas?


Fuentes consultadas