¿México podría quedarse sin gas? La dependencia de Estados Unidos que pone en riesgo nuestra electricidad

Una reducción temporal del suministro estadounidense encendió las alertas. México importa cerca del 75% del gas natural que consume y carece de almacenamiento estratégico suficiente para afrontar una interrupción prolongada.

Durante los primeros días de octubre de 2026, México enfrentó una situación que puso en evidencia una de sus principales vulnerabilidades energéticas: su dependencia del gas natural proveniente de Estados Unidos.

Una reducción temporal en los envíos de este combustible encendió las alertas de las autoridades mexicanas. Aunque el problema fue atendido sin consecuencias graves reportadas, las declaraciones oficiales revelaron una situación preocupante: México importa aproximadamente el 75% del gas natural que consume y dispone de un margen operativo limitado para enfrentar una interrupción prolongada.

Pero ¿por qué dependemos tanto de Estados Unidos?, ¿qué ocurrió realmente con el suministro y qué consecuencias tendría que dejáramos de recibirlo?

¿Qué ocurrió con el suministro de gas estadounidense?

Entre el 2 y el 4 de octubre, las exportaciones de gas natural de Estados Unidos hacia México registraron una reducción cercana al 20%, de acuerdo con declaraciones de representantes del sector energético.

Los reportes iniciales señalaron problemas operativos y labores de mantenimiento en infraestructura estadounidense.

El 6 de octubre, la empresa Tennessee Gas Pipeline, filial de Kinder Morgan, declaró una situación de fuerza mayor después de detectar un problema durante trabajos de inspección y mantenimiento en un gasoducto de Texas.

El 7 de octubre, durante la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, el director de Cenagas, Cuitláhuac García Jiménez, confirmó que México había recibido un aviso sobre una reducción equivalente a aproximadamente una quinta parte del gas natural importado que utiliza el sistema nacional.

El funcionario explicó que la coordinación entre Cenagas, Pemex, CFE y Cenace permitió enfrentar la situación sin mayores consecuencias.

Un día después, el 8 de octubre, se informó que Tennessee Gas Pipeline había concluido las reparaciones y que la infraestructura afectada estaba regresando a su operación normal.

Es importante aclarar que no existe evidencia de que esta interrupción haya sido una medida de presión política del Gobierno estadounidense contra México. Los reportes disponibles apuntan a problemas operativos; tampoco se ha establecido públicamente que todos los incidentes reportados correspondieran exactamente a una misma falla.

Sin embargo, la situación demostró qué tan vulnerable puede ser nuestro país ante cualquier interrupción en el suministro energético del exterior.

México depende de Estados Unidos para abastecerse de gas

El gas natural es uno de los combustibles más importantes para el funcionamiento de México. Se utiliza principalmente en la generación de electricidad, procesos industriales y actividades del sector petrolero, además de abastecer a algunos comercios y hogares.

Durante la conferencia del 7 de octubre, la presidenta Claudia Sheinbaum reconoció que alrededor del 75% del gas natural consumido en México proviene de Estados Unidos.

Esta dependencia se ha construido a lo largo de varios años.

La expansión de centrales eléctricas que funcionan con gas natural, el crecimiento de la demanda industrial y los precios competitivos del combustible estadounidense han favorecido las importaciones mediante gasoductos que atraviesan la frontera.

De acuerdo con el Programa Institucional de Cenagas 2026-2030, las importaciones aumentaron de aproximadamente 4,000 millones de pies cúbicos diarios en 2016 a 6,900 millones en 2025, considerando las cifras redondeadas del documento.

Mientras tanto, la producción nacional no ha crecido al mismo ritmo que las necesidades energéticas.

Esto significa que las decisiones de inversión, los problemas técnicos y los fenómenos naturales que afectan a la infraestructura estadounidense pueden tener consecuencias directas en México.

¿Es cierto que México solamente tiene gas para tres días?

Esta fue una de las declaraciones que mayor preocupación generó.

Cuitláhuac García Jiménez, director de Cenagas, señaló que México podría disponer de hasta tres días de margen operativo ante un corte del gas natural importado, mediante el aprovechamiento del combustible contenido en los ductos y otras maniobras del sistema.

Sin embargo, existe una diferencia importante entre contar con gas dentro de la infraestructura de transporte y disponer de una reserva estratégica.

El propio Programa Institucional de Cenagas reconoce que México no cuenta actualmente con capacidad de almacenamiento operativo ni estratégico integrada al Sistema de Transporte y Almacenamiento Nacional Integrado de Gas Natural (Sistrangas).

Aunque existen terminales privadas de gas natural licuado, estas no equivalen a una reserva estratégica nacional integrada a dicho sistema.

Por ello, los tres días mencionados no deben interpretarse como un plazo exacto después del cual todo México se quedaría automáticamente sin electricidad.

La magnitud de una emergencia dependería de las regiones afectadas, la producción nacional, las fuentes alternativas y la capacidad para administrar el combustible disponible.

¿Cómo nos afectaría un corte prolongado?

Las consecuencias de una interrupción considerable del suministro de gas natural podrían extenderse mucho más allá de las instalaciones energéticas.

Electricidad y apagones

Una parte importante de la electricidad producida en México depende de centrales que utilizan gas natural. Si estas instalaciones no pudieran recibir suficiente combustible, sería necesario aumentar la generación con otras fuentes o aplicar medidas de emergencia.

En situaciones graves podrían registrarse interrupciones del servicio eléctrico.

Industria y empresas

Numerosas fábricas utilizan gas natural para sus procesos productivos. Una interrupción podría obligarlas a reducir operaciones, utilizar combustibles alternativos más costosos o suspender temporalmente algunas actividades.

Comercios y servicios

Negocios, hoteles, hospitales y establecimientos comerciales dependen de un suministro eléctrico confiable. Las fallas prolongadas pueden provocar pérdidas económicas, afectaciones en refrigeración, transporte, maquinaria y servicios esenciales.

Economía familiar

Aunque una reducción del suministro no significa que inmediatamente aumentarán los recibos de electricidad, una crisis energética prolongada podría elevar costos de producción, transporte y servicios.

Estos incrementos podrían trasladarse indirectamente a los precios de distintos productos.

Es importante distinguir que el gas natural no es lo mismo que el gas LP utilizado por muchos hogares mexicanos. Una interrupción de los gasoductos de gas natural no supone automáticamente el desabasto de gas LP o gasolina.

En 2021, México ya sufrió las consecuencias

Lo sucedido en octubre de 2026 no es el primer recordatorio de la dependencia energética mexicana.

En febrero de 2021, una tormenta invernal extrema afectó Texas y provocó problemas en la producción y transporte de gas natural.

Las bajas temperaturas redujeron el suministro hacia México y ocasionaron una emergencia en el sistema eléctrico.

De acuerdo con la Comisión Federal de Electricidad, el 15 de febrero de ese año aproximadamente 4.8 millones de usuarios quedaron inicialmente sin electricidad en Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas, Chihuahua, Zacatecas y Durango.

Durante los días siguientes también se realizaron cortes controlados para estabilizar el sistema.

El episodio obligó a utilizar otras fuentes de generación y combustibles alternativos, en medio de un incremento extraordinario de los precios del gas.

Fue una demostración de que una emergencia originada fuera de nuestro territorio puede repercutir directamente en la vida cotidiana de millones de mexicanos.

¿Qué puede hacer México para disminuir su dependencia?

El principal desafío no consiste únicamente en importar menos gas natural, sino en construir un sistema energético más resistente ante emergencias.

Entre las alternativas planteadas por las autoridades y especialistas se encuentran incrementar la producción nacional de gas, ampliar la infraestructura de almacenamiento, diversificar las fuentes de generación eléctrica y aumentar la participación de las energías renovables.

El Gobierno federal también ha planteado recuperar una mayor cantidad del gas que actualmente se quema o desperdicia durante actividades petroleras.

La expansión de la producción nacional plantea, a su vez, discusiones económicas y ambientales. Algunas técnicas de extracción no convencional generan preocupación por sus posibles impactos sobre el agua, el suelo y las comunidades.

Por otra parte, aumentar la capacidad de almacenamiento permitiría disponer de un respaldo más sólido ante interrupciones temporales.

El objetivo tendría que ser disminuir los riesgos sin comprometer la viabilidad económica ni el medio ambiente.

¿Estados Unidos podría utilizar el gas como presión contra México?

La elevada dependencia energética representa una vulnerabilidad que podría adquirir importancia en escenarios de tensión comercial o diplomática entre ambos países.

Sin embargo, una suspensión deliberada tampoco estaría exenta de consecuencias para Estados Unidos.

Las empresas productoras y transportistas estadounidenses obtienen ingresos importantes de sus exportaciones a México, y una interrupción intencional podría generar conflictos contractuales y comerciales.

Por ahora, no existe una suspensión generalizada anunciada como medida política contra México.

Lo sucedido en octubre fue una reducción operativa temporal que pudo ser atendida, pero que dejó al descubierto los riesgos de depender tanto de un proveedor externo.

Un desafío que México no puede ignorar

La energía eléctrica, la actividad industrial y una parte importante de nuestra economía están vinculadas al suministro de gas natural.

Durante años, la cercanía con Estados Unidos ha permitido que México acceda a este combustible de manera competitiva. Sin embargo, esa ventaja económica también ha producido una dependencia considerable.

El reto no consiste en romper la relación energética con nuestro principal socio comercial, sino en desarrollar alternativas que permitan al país responder ante una contingencia.

La pregunta ya no es solamente si Estados Unidos podría interrumpir algún día el suministro.

La pregunta es qué tan preparado está México para enfrentar una emergencia energética que dure más de unos cuantos días.

¿Crees que México debería invertir más en producir su propia energía o continuar aprovechando el gas importado de Estados Unidos?


Fuentes consultadas